La Casa Que Nunca Estuvo Vacía
Esta historia ocurrió en la colonia Emiliano Zapata.
(Tenencia Morelos)
Soy estudiante de la UNAM. Hace varios años me vi obligado a dejar mi lugar de origen para venir a Morelia, ya que la carrera que cursaba no se impartía en otro sitio. Llegué solo, sin conocer a nadie, con lo justo para sobrevivir mientras me acomodaba.
Los primeros días dormí en un hotel del centro. Caminando una tarde hacia la parada del camión, vi un cartel clavado torcido en un poste:
“Se renta casa cerca de la UNAM, cerca de FIRA y de la ENEF.”
El papel estaba viejo, amarillento, como si llevara demasiado tiempo ahí. Arranqué el número, llamé, y quedé de ver el lugar esa misma tarde.
La casa estaba escondida, como si no quisiera ser encontrada. Dos pisos, cochera amplia, un pasillo largo y oscuro que parecía no terminar nunca. Desde el primer momento sentí que algo no estaba bien, pero la necesidad pesa más que el instinto.
La primera noche no pasó nada.
La segunda tampoco.
La primera semana entera fue tranquila.
Entonces empezó.
Antes de irse, la dueña me dio una advertencia que en su momento no entendí del todo:
—Después de las doce, deja todo cerrado. Todo. Y con la menor luz posible.
Lo dijo sin mirarme a los ojos.
Luego agregó, casi como quien habla de algo insignificante:
—Este mes no ha venido el padre a bendecir la casa… tal vez venga el próximo.
Asentí. Pensé que era una costumbre más, algo típico de colonias que aún conservan creencias antiguas. No sabía que aquello no era una tradición, sino una necesidad.
Mis compañeros comenzaron a venir a hacer tareas. Más de una vez, alguno me dijo en voz baja:
—Oye… el baño está ocupado.
—Estoy solo —respondía—. No hay nadie más aquí.
—No. Vimos a alguien entrar. Ya tiene rato.
Abríamos la puerta del baño. Vacío. Frío. El aire se sentía pesado, como si alguien acabara de salir… o nunca se hubiera ido.
Por las noches, cuando bajaba a la cocina por agua, encontraba los objetos movidos. Platos en otro sitio. Sillas ligeramente desplazadas. Puertas abiertas que yo recordaba haber cerrado con cuidado. Empecé a escuchar golpes secos, pasos que no eran míos, susurros que parecían decir mi nombre sin terminar de pronunciarlo.
La casa no estaba sola.
Yo tampoco.
Cuando confronté a la dueña, su respuesta me heló más que cualquier ruido.
—No pasa nada, hijo. Son cosas normales. Aquí pasa seguido… y no solo en esta casa.
Ya estaba decidido a irme.
Esa noche fue viernes.
Sentí un peso repentino en los pies. Como si alguien se hubiera sentado sobre ellos. Abrí los ojos lentamente… y lo vi.
Era alto. Vestido de negro. Su rostro parecía humano, pero su mirada no lo era. No parpadeaba. No respiraba. Me llamó sin mover los labios.
El miedo me dejó inmóvil. Me cubrí con la cobija y empecé a orar, repitiendo palabras que apenas recordaba, hasta que aquella presencia se disipó.
Pero lo más aterrador no fue eso.
Una tarde regresé de la escuela y lo vi parado en la entrada. Esta vez no huyó. Intenté enfrentarlo… y algo invisible me lanzó al suelo con una fuerza brutal. Caí torcido, el dolor fue real, seco, innegable.
Salí corriendo. Pedí ayuda. Toqué puertas hasta que una vecina, una mujer que desde mi llegada me había mostrado apoyo, me miró con compasión y dijo:
—Hijo… ¿sabes por qué esa casa nadie la quiere? ¿Por qué la rentan tan barata?
Negué con la cabeza.
—Porque no está deshabitada. Tiene un morador de otro mundo. A todos les hace la vida imposible. Contigo duró más de lo normal.
Esa misma noche empaqué mis cosas.
Cuando cerré la puerta por última vez, lo vi salir del cuarto del fondo. Caminó hacia el baño… y desapareció atravesando la pared, como humo, como aire, como algo que nunca fue humano.
Porque no lo era.
Era un fantasma.
Un ánima atrapada ahí.
Y sigue vigilando esa casa… esperando al próximo que crea que está vacía.
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chofis2456@gmail.com
06-02-2026 15:18:04
Muy augusto fuimos a la presa de Cointzio a disfrutar en familia, visitaremos muy seguido este lugar agradable para pasear en familia.
carlangasbestia@hotmail.com
06-02-2026 15:16:30
Me encanto la plaza principal de Tenencia Morelos, mis hijos quedaron encantados con el lugar sin duda alguna volvería aunque si me queda un poco retirado.
mariadelbarrio@gmail.com
06-02-2026 15:14:36
¡Excelente lugar! La comida es deliciosa y el ambiente muy familiar. Los tacos al pastor son los mejores que he probado. Totalmente recomendado para visitar con la familia.
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